domingo, 27 de septiembre de 2009

Miralo a Churchill

El entonces Primer Ministro de Gran Bretania Winston Churchill, mantenía una discusión con una diputada en el parlamento Ingles. Ésta quiso terminar la conversación abruptamente y le dijo al primer ministro.
-¿Ésta usted borracho?, señor Churchill.-
Éste la miró y de inmediato respondió con mucha tranquilidad.
-Es posible, señora, pero mañana por la mañana volveré a estar sobrio. Usted, en cambio, seguirá siendo igual de fea.

Los cronistas cuentan que el parlamento estalló en una carcajada. Hoy pasaría lo mismo, aunque mucho criticarían en público la respuesta de Churchill y en privado festejarían la ocurrencia.

No me sale ni mierda…

Me parece increíble haber escrito ¡feo! en dos meses, y que, ahora, que tengo las puertas abiertas de la editorial para publicar otro libro, crea que todo lo que escribo es una mierda. Es más, creo que esto también es una mierda. Y lo más probable es que lo sea, pero no me importa. Al menos, voy a hacer el esfuerzo para que no me importe.

Desde noviembre de 2006 que tengo más de 40 cuentos y 20 posibles novelas. Ninguna de ellas pasó las 4 páginas. Al comienzo me parecen excelentes y a las horas me cuestionó haberle dedicado tanto tiempo a textos que merecen el delete. Y los dejó dormir, meses o quizás años, y cuando los vuelvo a leer, me parecen geniales. Me vuelvo a entusiasmar, retomo la escritura y al poco de comenzar pienso que estoy cagando lo que ya era bueno. En fin, apago la computadora y me voy a ver la tele.

Desde hoy, voy a escribir, por escribir. Publicar, salga lo que salga. Que la escritura se transforme en la misma rutina que es para mí comer, dormir, ir a cagar, o mirar televisión. Quizás, con este ejercicio, me liberé de esta sensación que me lleva a pensar que lo que escribo merece el inexorable destino del destierro.

También abriré el sitio a los comentarios

jueves, 30 de julio de 2009

Un empresario decidió despedir a los empleados menos atractivos

Un empresario de la moda eligió un criterio subjetivo para decidir qué empleados conservaría y cuáles dejaría ir: se basó en las fotografías que los supervisores le enviaron para despedir a los menos atractivos.

Dov Charney es conocido en el mundo de la moda por su ropa simple (y cara) que apunta a la sensualidad, y por sus escándalos mediáticos. En éste caso, el dueño de la marca American Apparel agregó un episodio controvertido a su lista al despedir a los empleados que consideró “feos”, según informó hoy el diario español El Mundo.

La situación fue denunciada por medio de un comunicado que publicó el sitio Gawker.com en el que se detallaba que Charney se puso “cada vez más severo con la estética” de su marca. En el pasado, él mismo llegó a protagonizar campañas, vestido sólo con un boxer, sus anteojos y varias cadenas de oro al cuello.

Tal parece que la situación llegó al punto de pedirles a los supervisores de las tiendas de la cadena que menos produjeran que le enviaran fotos de sus empleados “para que él, personalmente, pudiese juzgar a la
gente basándose en su aspecto”.

“Todo aquel que él considere que no es lo suficientemente atractivo para trabajar allí es propuesto para el despido. Éste es un caso de flagrante discriminación por criterios de aspecto", denunció una persona a través del mensaje.

Aunque todavía no se sabe si enfrentará cargos en la Justicia, Charney ya tuvo problemas legales en el pasado, por ejemplo, por usar la imagen del cineasta norteamericano Woody Allen para una publicidad gráfica. El litigio le costó 5 millones de dólares a la firma de Charney, que produjo 400 millones sólo el año pasado.
fuente:minutouno.com
el libro que pide el impuesto a la belleza para subsidiar a los feos...más presente que nunca.

domingo, 28 de junio de 2009

La defensa ante la debilidad

Un chico hipoacúsico de 10 años fue atacado por 5 compañeros en una escuela pública de Neuquén. Le pegaron patadas en el abdomen y el ojo, donde sufrió lesiones oculares y hasta una disminución en la vista.
El ataque se produjo justo después del recreo, en la escuela primaria Número 180 del barrio de Belgrano, en el centro de la ciudad de Neuquén. El chico estaba esperando a un amigo en la puerta del aula cuando uno de los atacantes lo empujó y otro lo golpeó en la espalda y lo tiró al piso..
Los chicos lo patearon en el abdomen y en la cabeza, mientras la víctima se tapaba los oídos para proteger sus audífonos, que le garantizan el 50 por ciento de su audición. En seguida, el chico fue llevado por su madre a la guardia de un hospital Neuquén, donde los médicos no detectaron heridas de gravedad. según publicó el diario Clarín.
Hace mucho que no me angustiaba tanto al leer una nota. Recordé, de inmediato, los temores que sentía en la primaria con mis anteojos culo de botella. A menudo sufría pesadillas y convivía con un miedo paralizante de perder los anteojos o que mis compañeros me los destruyan por diversión. Era una relación enfermiza, sabia que con ellos potenciaba mi fealdad, pero sin ellos me sentía excluido del mundo.
Quizás, al pibe le pasó lo mismo. De manera inconciente, cuando uno esta en peligro, lo primero que hace es taparse la cara y en especial los ojos. Él, prefirió defender sus audífonos y por ello perdió parte de la vista. Ese simple acto de defensa, esa respuesta ante la agresión sería en una película la escena que te describe en su totalidad a un personaje. Y fue esa imagen, ese instante lo que me angustió, la historia de un pibe que perdió parte de la vista, para no perder por completo la audición.

sábado, 13 de junio de 2009

Todo sigue igual....o peor

Estuve 2 horas escuchando a docentes de todo el país en una video conferencia que organizó el Ministerio de Educación. Allí, fui invitado como expositor en virtud de mi pasado de niño burlado y quilombero. Como dice mi vieja “lo que son las vueltas de la vida”. El pibe que rompía bancos, el terror de los porteros y los maestros, estaba ante ellos relatando su historia. De a ratos, me sentía como un drogadicto recuperado exhalando el camino de salvación.

Me encontré con lo que esperaba. Persisten los problemas aderezados, ahora, con la violencia de padres y la situación social. Escuché a docentes que le endilgaban al contexto la responsabilidad de la violencia interna que a ellos mismos se les escurre de las manos. Intentos de asesinatos, padres que utilizan la fuerza para defender la fragilidad de sus hijos y las mismas bromas y maldades de mis años de escolar.

La conclusión que había elaborado mientras escribía el libro se mantiene intacta, hay muchos docentes con voluntad y vocación de resolver los conflictos y otros conviven con sus limitaciones pedagógicas y una decidida desdeñable.

Crecer sin grandes traumas, tener una buena educación y salir indemne del colegio son, al menos hasta ahora, un inhóspito milagro.